EL IDEAL DE LA CUSTODIA Y SU HISTORIA EN LA RAMA DE MADRES, SEÑORAS, EN ALEMANIA

A lo largo de nuestra historia, Dios nos ha manifestado su infinita Providencia, revelándonos el ideal que, como esposas y madres, estamos llamadas a encarnar. La historia es una carta de Dios escrita a los hombres, no dejemos de leerla. En esta historia nosotros somos las letras que Dios ha utilizado para escribir esa carta, allí encontramos lo que Dios nos quiere decir para el futuro.

Señalaremos algunos momentos claves que muestran concretamente la acción de Dios. Nuestra historia está marcada por el símbolo de la custodia.

El 18 de octubre de 1914 el fundador de shoenstatt padre José Kentenich se pone a disposición de Dios para una misión. Comienza la obra con jóvenes estudiantes, ellos sellan una alianza de amor con María pidiéndole que se establezca en el santuario qué manifieste su gloria y obre milagros de Gracia. Qué atraiga hacia sí muchos hombres y los eduque como instrumentos aptos para la renovación religiosa y moral del mundo

El movimiento de Schoenstatt se desarrolla lentamente. En el año 1920 las mujeres participan por primera vez en una jornada de Schoenstatt. Son los años en que el feminismo aparece en Europa, como lucha contra la discriminación de la mujer en lo relacionado con el sufragio y más tarde en el plano de la educación. Dos proyectos de mujer se van desarrollando paralelamente.

El padre Kentenich les habla de María como el modelo de mujer. En 1939 el padre Kentenich preparó a la familia para los difíciles tiempos que se acercaban: la Segunda Guerra Mundial y la persecución nazi. La época exigió una entrega mayor.

Esto se expresó en la coronación de María en el santuario original. Unido a esta coronación se le pide a la Mater que Schoenstatt, el santuario, la familia y la persona del fundador queden libre de los ataques del enemigo, prometiendo a cambio edificarle a María un monumento de gratitud o una iglesia de adoración.

También las madres Schoenstattianas hacen suya esa promesa, en septiembre de 1940 deciden por unanimidad regalar una custodia como don de agradecimiento para la iglesia prometida. Cada madre regalo su Alianza matrimonial para la lúnula de oro que sostendría el cuerpo de Cristo, en forma de una hostia. Para simbolizar que como portadora de Cristo quiere servir a la vida en el matrimonio y en la maternidad.

¿Por qué una Custodia? Por el año 1935, la emperatriz M. Teresa de Austria al final de su vida, hizo derretir su anillo nupcial para hacer con él, una lúnula de oro que dentro de la Custodia contuviera la Hostia. Ellas reflexionaron lo siguiente: nuestro matrimonio debe ser tal, que nosotras podamos ofrecer a Dios como símbolo de nuestra unión matrimonial, el anillo para una Custodia, cada integrante realizará su servicio de amor y servicio a la vida en el matrimonio y la familia. Como mujer llena de Cristo, regalar a Cristo.

En la Nochebuena de 1940, el padre Kentenich a estas impulsa a estas mujeres a formar la rama de madres dentro del movimiento. Poco a poco comienza a consolidarse pero evidentemente la situación bélica dificulta su desarrollo. Recién se consolidará con el regreso del Padre de Dachau en 1945.

Ha terminado la guerra La promesa de coronación ha sido aceptada. María demostró su poder, puso fin a la guerra y abrió las puertas del campo de concentración. ¿Hay que cumplir ahora con el regalo de coronación ó ya lo ha hecho el fundador y la familia de Schoenstatt con sus sacrificios durante la guerra?

El 20 de mayo de 1945 domingo de Pentecostés por la mañana, el padre Kentenich llega a Schoenstatt que a pesar de la guerra ha quedado intacto. Entra en el pequeño santuario de la Madre y Reina tres veces admirable de Schoenstatt con respeto y gratitud. La guerra ha terminado pero son visorias sus trágicas consecuencias.

En 1946 durante la festividad de Corpus Christi el fundador dice:

“En el día de hoy Jesús es llevado por las calles, también María la custodia viva recorre nuestro tiempo desde su santuario, donde esa custodia se inclina bendiciendo surge un paraíso. No quieres darle a la madre de Dios la oportunidad de caminar en ti como custodia vida recorriendo tu ambiente y tu familia”.

Esas palabras del fundador fueron publicadas en la circular de la rama de madres que salió ese mismo día. Con el Símbolo de custodia la rama de madres comienza a crecer. La custodia las impulsa a vivir su ideal. En la semana de coronación de 1946 como expresión de sus aspiraciones, las madres regalan a María sus joyas y sus piedras preciosas para la custodia. Los regalos son muestra de un gran amor a Cristo y a María.

En ese tiempo de posguerra las madres renuncian a comprar con sus joyas los alimentos tan necesarios. También sacrifican los anillos de sus esposos muertos en la guerra. El Recuerdo más precioso que tienen de ellos. Al entregar el regalo de coronación las madres rezan:

“Acepta los sacrificios de nuestro corazón para la custodia, símbolo del ideal que anhelamos vivi , como pequeñas Marías y compenetradas de Cristo, unidas a él y con alegría, quisiéramos colaborar para que el mundo de hoy reciba a Cristo y a María. Acepta está ofrenda de coronación para la iglesia de la adoración

Durante 2 años consecutivos continúan conquistando la custodia, siguiendo las palabras del fundador de ser siempre fieles al misterio de Schoenstatt. El 13 de mayo de 1949 en la festividad del Inmaculado Corazón de María el padre Kolb bendice la custodia en la habitación que ocupo san Vicente Palloti, en la casa de ejercicios. Ahí están presente 40 dirigentes de la rama de madres.

El 12 de junio de 1949 en la fiesta de la Santísima Trinidad se hace entrega de esa custodia a las hermanas de la adoración para la futura iglesia. Ahora las madres tienen un signo visible de su ideal. Qué simboliza a María la primera portadora de Cristo.

En la custodia se destaca la forma de la cruz. Atrae la mirada y la dirige hacia el centro donde está la hostia, Cristo. María está al pie de la cruz,su corazón es la patena que entrega la ofrenda al padre celestial, la lúnula de nuestra custodia tiene la forma de una patena y está hecha de oro puro de las alianzas de los esposos caídos en la guerra. Los Aros que rodean a la cruz de la custodia simbolizan los cinco continentes e indican la misión Apostólica de las madres de Schoenstatt. Nosotras estamos sirviendo siempre a esa meta, al aspirar a ser madres schoenstattianas santas.

El esfuerzo por por llegar a ser una pequeña maría es el mejor apostolado para la familia, Yo me santifico por ellos. Al pie de la cruz sobre la base parten 7 hileras de piedras preciosas que simbolizan los sacramentos, hacia ellos queremos conducir a las personas que nos han sido confiadas. La piedra más grande que está en el centro es el símbolo de la alianza de amor, la alianza con María la madre tres veces admirable de Schoenstatt es para nosotros la perla, el tesoro escondido es el campo.

La frase Mater habebit curam, la madre tomará cuidado, expresa nuestra confianza en María. Queremos realizar nuestro ideal en cada situación de la vida diaria. Toda madre tiene que entregar con alegría sus fuerzas e incluso las más insignificantes de la vida cotidiana

En septiembre de 1950 el padre fundador predica un retiro para nuestra rama y expresa:

“Estamos convencidos de que todo lo que hacemos para llenarnos interiormente de Dios redunde en bien de nuestro esposo y nuestros hijos. En ellos repercute mi ser y mi vida, deciden su aflicción o acrecienta su dicha”.

Cuanto más nos introduzcamos nosotros mismos en Dios, tanto más decidiremos el destino del otro. En esta jornada el padre profundiza el ideal de la custodia y el lema que el mismo había formulado antes:

“Se María, custodia transparente y Santa, portadora de Cristo, el señor”.

Todo esto nos muestra que los primeros pasos de nuestro rama se hicieron fecundos por la alianza de amor y la santidad de la vida cotidiana. Un testimonio más de esta fecundidad fue la peregrinación de la imagen de la MTA a través de toda Alemania durante el año 1947.

Para esta gran procesión de la portadora de la Madre de Cristo, las madres hicieron pintar un cuadro de la Mater que se bendijo en el altar de los peregrinos el 24 de abril de 1948. 210 madres de Schoenstatt participaron del envío solemne de esta imagen, que peregrino por Iglesias y capillas, visitó hogares y lugares históricos para que ella tomara posesión de toda Alemania.

En ese tiempo el padre inició sus viajes por el mundo con la intención de tirar del carro de triunfo de María. Convencido de que la madre de Dios había comenzado una marcha triunfal por el mundo.

En 1951 se inicia una nueva etapa en la rama de madres. El fundador es separado de la obra. Es el tiempo del exilio. La cruz cae sobre el padre y sus hijos, ese viacrucis durará 14 años. Para el fundador significa el destierro, para nosotros es el momento de mostrar nuestra obediencia y fidelidad de que Schoenstatt es una obra de Dios y que tiene una misión para las iglesia.

No podemos hacer nada directamente por el fundador pero si dar testimonio de Schoenstatt y ser portador de la misión, así como encarnar el ideal de ser custodia viva. Y esas madres se regalan con más profundidad a María, sellan por primera vez su alianza de amor y confiesan su pertenencia a la rama de madres de Schoenstatt.

El trabajo apostólico de las madres de Schoenstatt en el año Mariano Universal de 1954 se manifiesta también en los regalos originales que obsequian al santo Padre en un viaje a roma. Estos regalos llenos de simbolismo muestran al Papa como la rama de madres hacen suyos sus trabajos apostólicos de la Iglesia.

Una cuna, símbolo de si a la vida. Insertándose de este modo en las corrientes espirituales de la iglesia. Ornamentos como expresión de su responsabilidad por los sacerdotes y consagrados. Una biblioteca cristiana como símbolo de su responsabilidad por la juventud. Un vestido de bautismo y todo lo necesario para el Sacramento de la unción de los enfermos. Elementos necesarios para la primera comunión como símbolo de sus preocupaciones por este Sacramento y por el cultivo de una atmósfera Mariana eucarística en la familia.

Monseñor Montini, luego Pablo sexto, en nombre del Papa Pío 12 les agradece a las madres la originalidad de su apostolado. Los regalos son elaborados espiritualmente por todas y despiertan un nuevo impulso para aspirar al ideal de la rama en su diocésis. el viaje a Roma tanto en su preparación como la etapa posterior, mantuvo viva esa aspiración por la comunidad y despertó nuevos impulsos .

El padre Kentenich continuaba separado de la obra. El sufrimiento del destierro es un llamado a las madres a demostrar con el obrar silencioso la autenticidad del amor a Schoenstatt. Y esas madres de Schoenstatt al no poder trabajar directamente con la obra , colaboran con la comunidad de las señoras y madres de su parroquia, haciéndose cargo de trabajos pequeños y desapercibidos.

La oración de consagración que rezan las madres el día que entregan la custodia expresa sus anhelos:

“Querida mater, ayúdanos a vivir como custodia viva y a lucha por un estilo de vida noble”

Ahora se trata de los próximos años de elaborar entre todas el estilo de vida de una madre de Schoenstatt. Muchas inquietudes movilizan a la comunidad: ¿Cómo vive una madre de Schoenstatt su relación con Dios? con su esposo? con hijos? consigo misma? con los círculos sociales culturales políticos y eclesiales?

Para asegurar la unión con Dios le regalan cada día 10 minutos de oración, se esfuerzan por renovar las costumbres religiosas de su familia. Algunas realizan la peregrinación espiritual diaria al santuario, cada noche se unen espiritualmente al padre para pedirle su bendición.

Vemos la relación con nuestro esposo a la luz de la relación que existe entre Cristo y María, ser compañera y colaboradora. Aseguramos está actitud apoyando y protegiendo la autoridad del padre en la familia, el amor desinteresado a los hijos se confirma con el propósito de aceptar a todos los hijos que Dios nos regale.

En una época que rechaza a los niños, las madres de Schoenstatt se ayudan a conquistar y conservar ese amor. Todos los meses del 1 al 9 rezan el tercer misterio gozoso del Rosario, el nacimiento del niño Jesús. Esta oración es ofrecida especialmente por todas las madres que están esperando un hijo.

La aspiración a una personalidad femenina reservada y formada se expresa en el siguiente principio:

“nos vestimos como corresponde a las épocas y a las circunstancias pero conservando siempre el carácter propio del misterio de la mujer”.

En estos años la familia de Schoenstatt crece por la entrega generosa de aportes al capital de Gracias, necesarios para pagar el precio de rescate que permitirá el regreso del Padre . Muchas madres, especialmente las portadoras de los grupos entregan a la Mater el poder en blanco sobre todo lo que son y poseen.

Una madre expresa en su oración de consagración:

“Querida madre tres veces admirable de Schoenstatt en tus manos pongo mi vida, te pertenece a ti y a tu reino, sea larga o corta, transfórmala en bendición incidente de Nueva Vida”.

Nuestros anhelos más grandes: que el movimiento de Schoenstatt sea reconocido por la iglesia y el regreso del fundador parecía cada vez más lejano. En el año 1956 crecen las dificultades sobre quién es la cabeza de la obra de Schoenstatt: Vicente Pallotie o el padre José Kentenich. La rama de madres vive muy fuertemente esa controversia, dado que la jefa de rama de ese momento no reconoce al fundador como cabeza de la obra.

Cada miembro debe decidirse personalmente a favor o en contra. Con esto comienza la tercera etapa de la historia de nuestra rama de madres. Con excepciones, casi todas las madres siguen fieles a la alianza, a la Mater, al fundador y al santuario. Hoy creemos que el precio de rescate para el regreso del padre y el total reconocimiento del movimiento por parte de la iglesia, se debe en gran medida por esa fidelidad inquebrantable de las madres.

Cuando las luchas llegan otra vez a un punto culminante las dirigentes de la rama se reúnen en noviembre de 1957 en el sur de Alemania y expresan su adhesión al fundador y a su misión al regalarle a María su consagración a la altura de la inscriptio:

“si nos arriesgamos a regalarnos a ella para que pueda hacer con nosotros lo que quiera entonces ya tenemos ganada de esta manera la situación”.

De esta manera las dirigentes se brindan mutuo amor, apoyo y fortaleza. En la noche Del 3 al 4 de noviembre realizan una cadena de fidelidad alrededor del santuario: de fidelidad a la Mater, al padre y al fundador y al Santuario. Es una cadena formada por pequeñas Marías, un rosario vivo que se forma esa noche y que no sé romperá jamás.

En aquel tiempo la familia de Schoenstatt se une expresamente alrededor de los santuarios diocesanos, a pesar de la situación tensa en Schoenstatt y precisamente por ella se construyen varios santuario filiales. Las madres elaboran y regalan la custodia para cada uno de los santuarios.

El símbolo de la Virgen en las distintas custodias varía según los ideales diocesanos de la rama. La jornada anual de la rama de 1962 fue decisiva. En ella surgió la idea de proponer a toda la familia de Schoenstatt El regalar a la Mater y al fundador para los 50 años de Schoenstatt un nuevo santuario, en cualquier parte del mundo.

Quisimos ofrecerlo especialmente como petición para el regreso del padre y nuestra propuesta fue aceptada. Obviamente nuestra rama regalo para este santuario la custodia. El santuario y la custodia fueron signos de de agradecimiento, signos de fidelidad y símbolos de unidad.

Una vez tomada la decisión de construir el santuario en Cambrai, Francia nos pusimos a elaborar espiritualmente la custodia, para ello elegimos un nuevo modelo que expresará las nuevas corrientes de vida que existieron hasta ese momento. En ellas también estaban representadas visiblemente las aspiraciones de los años pasados: la alianza de amor, la fidelidad a los tres puntos de contacto, especialmente la unión profunda con el padre y fundador.

Una madre, dirigente diocesana, se sintió especialmente responsable por el regreso del fundador, por su misión de padre y por nuestra rama de madres. En muchas peregrinaciones llevó a las madres de su ciudad con su familia a Schoenstatt. Habló con el Vicario de la Catedral y consiguió que se pudiera colocar en ella el cuadro de la virgen y que presidiera uno de los altares principales durante la procesión de Corpus. Siendo dirigente diocesana de la rama, ofreció su vida por Schoenstatt y el fundador.

Muchas madres en una entrega total ofrecieron su aspiración por el regreso del fundador, otras llenaron el capital de gracias con sacrificios de la vida cotidiana, ¿quién podría decir qué aporte son más pequeños o más grandes?

En el fondo todos contribuyeron a que llegará el día conmemorable donde las puertas de su exilio de 14 años se abriera para el regreso de nuestro fundador. Para todas nosotras fue y seguirá siendo un acontecimiento incomprensible humanamente hablando. En 1965 el fundador fue llamado a Roma por medio de un telegrama, allí el padre Kentenich festeja sus 80 años. Al mismo tiempo en Schoenstatt están reunidas las dirigentes de nuestra rama para su jornada anual. La felicidad es grande, festejan el cumpleaños con tanta alegría como si el padre estuviera con ellas. En esta ocasión el padre las saluda por teléfono desde Roma y les agradece a todas su fidelidad.

El alaga sus esfuerzos de los años pasados y con ello confirma el ideal de la rama, como un padre nos estimula a servir en forma maternal y desinteresada como custodia vida a los que llevamos en nuestro corazón. Nos exhortó a vivir las palabras del acta de ́pre fundación :

“me pongo enteramente a su disposición, con todo lo que soy y tengo, con mi saber y mi ignorancia, con mi poder y mi impotencia, pero sobre todo les pertenece mi corazón”

El 24 de diciembre de 1965 la familia de Schoenstatt vivencia el feliz regreso del padre Kentenich a Schoenstatt. Una hora largamente anhelada se hace realidad, se realiza el milagro de la noche buena. El momento culminante es el encuentro del fundador con la rama de madres que se concreta el primero de 1ro de mayo de 1966 en el santuario del Monte Schoenstatt.

Ellas le entregan la custodia que habían prometido 2 años atrás para el santuario de Cambrai. Una madre de la diócesis de Fulda promete en nombre de todas las madres de Schoenstatt ser custodia, una pequeña María. El padre acepta el regalo con las siguientes palabras:

“Que Dios se los pague, aceptó la custodia en nombre de María, no solamente por su valor propio sino por sobre todo por su valor simbólico. Nosotros queremos ser custodias transparentes y santas que llevan a Cristo, el Señor”.

Con su bendición nos envía para llevar el ideal y el símbolo y con ello más allá de las fronteras en Alemania. En Cambrai nos encontramos con las madres Schoenstattianas francesas y con ellas nos sentimos un solo corazón y una sola alma. Una familia de Dios unidas en un mismo ideal.

También las madres francesas tiene su custodia. Ellas regalaron para la lúnula 7 piedras preciosas de color rojo, es el signo del Espíritu Santo, que representa la entrega al deseo y voluntad del Padre y que nos une en el corazón de la Virgen. Este fue un día importante después del regreso del fundador.

El 2 de julio de 1966 el padre les dice a unas 350 madres de Schoenstatt:

“Y si ahora queremos examinar en qué consiste nuestra misión como custodia Sagrada, que pura e integra ha llevado a Cristo, el señor. Entonces en primer lugar dígase esto para cada una de las madres de familia, hemos de cuidar que nosotras mismas llevemos a Cristo en nuestra alma, ¿que tengo que hacer pues en mi condición de madre de familia? naturalmente no dispongo de tiempo para intercalar por ejemplo tantos y tantos tiempos de oración de prácticas de piedad, pero una cosa puedo hacer cuidar que la madre de Dios tomé forma y figura en mí y con la madre de Dios el Salvador y el Dios uno y trino, de modo que dar a luz a Cristo tiene que ser mi misión”.

Todas las dirigentes están en Schoenstatt para la jornada anual,se encuentran con nuestro fundador el 24 de enero de 1967 en la casa Regina. La alianza con él vivida con tanta fidelidad durante el exilio se profundiza y se sella ahora con su presencia. Allí rezamos:

“Querida Mater, aceptanos y formanos en el santuario hogar, como hijas de la Providencia, como custodia Viva en las manos del padre para un iglesia-familia, para construir el reino Mariano del padre”.

Cuando el padre sostuvo la custodia en sus manos nos sentimos aceptadas por él. Él nos guía por medio de su enseñanza y de su amor hacia Dios Padre. Cuando nos bendijo pedimos con mucho fervor la gracia de ser custodias vivas en las manos de Padre, ser una bendición para el mundo.

En varias oportunidades las madres pudieron encontrarse con el fundador en el Monte Schoenstatt o junto a los santuarios diocesanos. Su ser paternal les regalo siempre una vivencia profunda de Dios.

Durante este tiempo se construye y se termina la iglesia de la adoración en el monte Schoenstatt. la misión schoenstattiana comenzó en el santuario original y ahora expresa más visiblemente su grandeza en la iglesia consagrada a la santísima Trinidad. La Piedad Mariana orgánica que enseña nuestro padre se exterioriza en estos dos lugares de Gracia: En el santuario y la iglesia, por Cristo y María en el Espíritu Santo al Padre.

El camino que conduce al monte Schoenstatt se ha transformado en un símbolo: hacia el Padre va nuestro camino. En la ceremonia de bendición de la Iglesia de la adoración, nuestro padre dice que con este día comienza una nueva época en la historia de Schoenstatt. Nadie sospechaba en qué forma dolorosa viviríamos casi inmediatamente la realidad de estas palabras, la incisión más profunda de la familia de Schoenstatt.

El 15 de septiembre de 1968 , fiesta de los 7 dolores de María, nuestro padre regresa a la casa del Padre. después de celebrar su primera santa misa en la iglesia de la adoración. Filialmente le agradecemos al padre de nuestra familia por todo lo que nos regaló en su vida. Le prometimos fidelidad a la herencia que ahora deposita en las manos de su familia.

Las madres de la diócesis de Colonia y de Tréveris que están en un retiro en Schoenstatt rezan en nombre de todas las madres junto al ataúd:

“Querido Padre celestial, estamos aquí junto a nuestro padre y fundador representando a las madres de Schoenstatt de todo el mundo. El padre nos dio la misión de ser como María custodia pura y Santa. Renovamos nuestra fidelidad a este ideal sellando la alianza de amor con nuestra querida Madre Reina y Victoriosa tres veces Admirable de Schoenstatt, con nuestro padre y fundador y entre nosotras”.

Está inesperada intervención de Dios tan dolorosa, incomprensible para nosotros, nos permitirá experimentar en el futuro la realidad de que nuestro fundador no se ha ido que permanece entre nosotros en su nueva presencia

Una madre escribe:

“cuando él vivía yo no experimente tan profundamente su paternidad como en la hora en que me arrodille ante su tumba. Otra Expreso:

“ustedes no se imaginan que cercana me siento al padre. Ahora puedo hablar, conversar con él y nunca me ha defraudado”

otra madre cuenta lo que todas sentimos: el padre merece que en gratitud regalemos todas nuestras fuerzas para llegar a ser custodias vivas porque por los frutos se le reconocerá a él. Las madres de la diócesis de Suabia como signo de que quieren ser co fundadoras colocan una llama en el memorial de José Engling en Liebfrauenhohe.

Otras comunidades diocesanas agregan a su corona un símbolo del padre que quiere siempre recordarles que el padre las mira desde el cielo y que ellas quieren mirar al padre que está en el cielo.

La historia de nuestro custodia ha llegado a un tiempo culminante. El 2 de julio de 1970, 1000 madres comienzan un memorable año jubilar y al mismo tiempo el querer renovarnos a nosotras mismas. Completamos nuevas metas personales e ideales diocesanos. Las palabras grabadas en la custodia permanecerán siempre: custodia viva para los tiempos más nuevos.

Llegan el año 2014, 100 años de Schoenstatt. En Alianza con la MTA deseamos cooperar, para que nuestra comunidad y toda la familia de Schoenstatt internacional sea cada vez más una bendición viva para la Iglesia y el mundo, así como lo anheló Nuestro Padre. Sabemos que él cuenta con nosotras, él nos necesita para el futuro de Schoenstatt:

“¿Cuál es la posición que tenemos en el Reino de Schoenstatt como Madres de Schoenstatt? Me permiten decir la osada expresión: Sin nosotras, sin nuestras Madres de Schoenstatt, Schoenstatt es completamente incapaz de realizar su misión en el tiempo actual. Repito: Así como no puede haber salvación sin la Madre de Dios, así tampoco puede haber un Schoenstatt fecundo sin nuestras Madres de Schoenstatt. No se si ustedes comprenden en alguna medida la gran profundidad de tal aseveración.” (P. J. Kentenich, 31 de mayo de 1966)

Así como rama de madres internacional hemos llegado que nuestro regalo para estos 100 años tiene que ser una custodia, una replica de la primera custodia para nuestro Santuario Original que ahoranos pertenece. Y así con gran alegría, unidas como familia internacional, peregrinamos de mano en mano, delegadas de diferentes países, la custodia para nuestro gran tesoro, nuestro Santuario Original.

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